ARTÍCULO DE PRENSAOPINIÓN

Pérez Llorca o el arte de gobernar sin asumir responsabilidades

Tres meses de presidencia marcados por el blindaje político tras la DANA, el respaldo del PP y Vox y una gestión cuestionada en vivienda, transparencia y credibilidad institucional

Tres meses han bastado para que la presidencia de Juanfran Pérez Llorca en la Generalitat Valenciana dibuje con claridad su hoja de ruta: mucha escenografía, mucha retórica institucional y muy poca asunción real de responsabilidades. Su gobierno insiste en hablar de bajadas de impuestos, diálogo institucional o políticas para jóvenes, pero la realidad política que rodea su llegada al poder cuenta otra historia: una presidencia nacida del descrédito, sostenida por equilibrios partidistas y marcada por decisiones que, lejos de regenerar la institución, han reforzado la sensación de impunidad política.

El problema de fondo no es la agenda oficial del Consell. El problema es el contexto del que surge y lo que ha decidido hacer con él.

La presidencia que nació de una tragedia… y quiso pasar página demasiado rápido

Pérez Llorca no llegó al poder por un proyecto político propio ni por una transición planificada. Llegó tras la dimisión de Carlos Mazón, forzada por la presión social y política tras la gestión de la DANA, una catástrofe que dejó víctimas mortales y abrió un debate durísimo sobre la responsabilidad del gobierno autonómico.

La emergencia expuso fallos graves en prevención, coordinación y reacción institucional. La oposición y amplios sectores sociales señalaron a Mazón como máximo responsable político de una gestión que consideraron tardía e ineficaz. Su salida no fue un gesto voluntario de ejemplaridad política, sino la consecuencia de un desgaste insostenible.

En ese contexto, la llegada de Pérez Llorca se presentó como un “nuevo comienzo”. Sin embargo, sus primeros meses han transmitido exactamente lo contrario: la voluntad de cerrar el episodio sin revisar lo ocurrido, sin depurar responsabilidades y sin introducir cambios estructurales en la gestión de emergencias.

Más que reconstruir la confianza pública, la Generalitat ha intentado reconstruir el relato.

El blindaje de Mazón: continuidad disfrazada de normalidad

Si había una oportunidad para demostrar un cambio real, el gobierno de Pérez Llorca la desperdició con una decisión especialmente simbólica: mantener a Carlos Mazón como diputado autonómico y situarlo al frente de una comisión parlamentaria con retribución adicional.

La polémica no radica solo en el cargo, sino en lo que representa. Según denuncian los grupos de la oposición, se trata de una comisión con escasa actividad real, lo que convierte el nombramiento en una suerte de recompensa política tras la dimisión.

El mensaje institucional es devastador: una crisis con víctimas no conlleva consecuencias políticas reales. Se dimite, pero se sigue dentro del sistema, con poder, salario y protección institucional.

Lejos de marcar distancias con la gestión anterior, Pérez Llorca ha optado por protegerla. Y esa decisión ha marcado el tono de toda su presidencia.

Feijóo y el cálculo político por encima de la responsabilidad

El Partido Popular a nivel nacional tampoco ha contribuido a aclarar el escenario. Alberto Núñez Feijóo respaldó la transición en la Comunitat Valenciana y presentó la dimisión de Mazón como un acto de responsabilidad personal.

Pero ese discurso evitó la cuestión central: qué responsabilidad política asumía realmente el partido por la gestión de la crisis. El liderazgo nacional del PP optó por cerrar filas, priorizar la estabilidad interna y evitar una revisión profunda de lo sucedido.

El resultado es una imagen de partido que protege a los suyos incluso en situaciones límite. La continuidad del proyecto político valenciano, sin autocrítica ni depuración visible, ha reforzado la idea de que el relevo en la Generalitat fue una operación de control de daños, no de regeneración democrática.

Vox: el precio de la estabilidad

La presidencia de Pérez Llorca tampoco puede entenderse sin el apoyo de Vox, cuyos votos fueron decisivos para su investidura y para la estabilidad parlamentaria del Consell.

Esta dependencia política ha generado fuertes críticas. Para la oposición, el gobierno valenciano se sostiene sobre un equilibrio basado en la necesidad de conservar el poder, lo que condiciona su agenda y limita cualquier giro político real.

La paradoja es evidente: mientras Vox mantiene un discurso nacional de confrontación permanente, en la Comunitat Valenciana actúa como sostén de un gobierno que presenta su gestión como moderada y centrada. Esa contradicción no ha debilitado al ejecutivo autonómico, pero sí ha erosionado su credibilidad.

Vivienda: anuncios ambiciosos, resultados cuestionables

El acceso a la vivienda se ha convertido en uno de los principales ejes discursivos del nuevo president. Avales públicos, ayudas al alquiler, programas de rehabilitación y promesas de facilitar la compra a jóvenes forman parte del relato oficial.

Sin embargo, la polémica de las viviendas de Les Naus en Alicante y las críticas sobre la falta de vivienda pública han puesto en cuestión la eficacia real de estas políticas. Los detractores del gobierno denuncian medidas centradas en incentivos financieros que no abordan los problemas estructurales del mercado inmobiliario: precios disparados, escasez de vivienda protegida y dificultades de acceso para amplias capas de la población.

El resultado es una brecha creciente entre la narrativa institucional y la experiencia social.

Bajadas de impuestos y prioridades discutibles

La reforma fiscal ha sido otro de los pilares del gobierno de Pérez Llorca, presentada como una política orientada a mejorar el bienestar de las familias valencianas.

Sin embargo, esta estrategia también ha generado críticas por el momento elegido: una comunidad que afronta la reconstrucción tras una catástrofe y que necesita reforzar servicios públicos opta por reducir ingresos fiscales. Para la oposición, esta decisión revela una prioridad política clara: la imagen de gestión económica por encima de la capacidad del sistema público.

Mucha agenda, poca rendición de cuentas

El balance de los primeros meses del gobierno se resume en una contradicción evidente. El Consell presume de actividad institucional, viajes, reuniones y planes estratégicos, pero evita el debate sobre responsabilidad política, transparencia y reformas profundas.

La Generalitat ha intensificado la comunicación, pero no ha respondido a las preguntas de fondo. Ha multiplicado los anuncios, pero no ha despejado las dudas sobre su modelo de gestión.

La política convertida en relato.

Gobernar tras la crisis… o sobrevivir a ella

La presidencia de Pérez Llorca representa hoy una forma de gobernar basada en la continuidad, la protección interna y el control del daño político. Lejos de suponer una ruptura con el pasado, su mandato ha consolidado la sensación de que las instituciones valencianas han aprendido más a resistir las crisis que a corregir sus errores.

Tres meses después del relevo, la Generalitat sigue bajo la sombra de la DANA. No solo por sus consecuencias materiales, sino por la pregunta que aún permanece sin respuesta: qué responsabilidades reales se han asumido y qué cambios se han introducido para que no vuelva a ocurrir.

Por ahora, la respuesta parece clara. Muy pocos.

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