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024: Llama a la vida

A raíz de un suicidio acontecido cerca, desarrollo este pequeño artículo haciendo un llamamiento para que se atienda a las personas que tienen la intención de suicidarse y que no nos olvidemos de ellas

En ocasiones ocurren cosas que son impensables, que nunca creemos que puedan suceder… pero que, si nos interesamos, nos informamos, nos llevarían a una desagradable noticia, mucho más común de lo que nos imaginamos.

Imaginar

Puestos a imaginar… imagínate esto:

Imagínate que vives en un barrio de una ciudad cualquiera, imagínate que ese es un barrio, tranquilo, sin mayores sobresaltos, un típico barrio, normal (como dirían algunos).

En ese barrio hay comercios, establecimientos, vecinos, personas…

Imagínate que un día te levantas, a la voz de un chillido, una alerta, un socorro… algo ha pasado.

Imagínate que el vecino, al que saludas todos los días, con el que no te llevas nada mal, con el que a veces has intercambiado una pequeña conversación… aparece muerto, aparece sin vida, se ha suicidado.

A mí, como vecino, sin haber tenido una gran relación salvo hola y adiós, o el típico comentario del “hoy hace frío” o “parece que va a llover”, me lleva a preguntarme ¿por qué?

¿Qué lleva a una persona al suicidio?:

¿La desesperación por algo?

¿El cansancio?

¿La depresión?…

A veces no nos damos cuenta que cualquiera de los que se cruzan tu camino paseando, en la calle, tiene tras de sí una historia, buena, regular o mala. Supongo que hay personas que afrontan las difíciles situaciones que atraviesan de distinto modo. Algunos se echan los problemas sobre la espalda y otros no saben (sabemos) como afrontarlo.

Datos escalofriantes

¿Sabes que en España hubo 3941 suicidios en 2020? Un 5,7% de aumento con respecto a 2019.

¿Sabes que la tasa en España de suicidios es de 8,31 por cada 100.000 habitantes?

¿Sabes que cada día, en España, hay 11 personas que se quitan la vida? 11 personas… Se trata de la primera causa de muerte no natural en España.

El número de víctimas colaterales que provoca sitúa en que por cada persona que se suicida, hay seis directamente destrozadas.

Los suicidios en España cuadriplican los fallecidos en carretera. Y si estamos hablando de cifras extraordinariamente terribles… ¿por qué no son conocidas?…

¿Por qué no se informa?

¿Por qué no se conciencia?

¿Por qué no se ataja?

Efecto llamada decían algunos…

024

Desde hace pocos días se ha implantado un número de teléfono con el fin de evitar los suicidios, esa amenaza silenciada desde hace tiempo.

024 es el número corto de teléfono que Cruz Roja gestionará y que se define como una línea de atención a la conducta suicida puesta en marcha por el Ministerio de Sanidad. En ella un equipo de psicólogos estarán al otro lado del teléfono las 24 horas de todos los días del año.

El 024 es número de ayuda gratuito y confidencial que los expertos en conducta suicida y los familiares de quienes acabaron con su vida reclamaban desde hace tantísimo tiempo. Con ello la salud mental se empieza a marcar como un objetivo prioritario dentro de las políticas públicas.

Como dijo Dolors López Aliaga, coordinadora y desarrolladora del Plan de Formación del Profesorado en prevención, detección e intervención del suicidio de la Comunidad Valenciana: “Si alguien necesita hablar del suicidio, tiene que poder hacerlo. Porque la persona que se quita la vida no quiere morir, sino dejar de sufrir. Es un problema social que le puede afectar a cualquiera, no existe un perfil de la persona suicida”.

Otros psiquiatras afirman que este número de teléfono debería ir acompañado de todo “un plan de prevención de suicidio, algo que no existe a nivel nacional”.

De vuelta a la realidad

Pero volviendo a ese barrio imaginario, esa calle imaginaria… la persona ya no está, su comercio ha cerrado con un cartel de “abriremos en los próximos días”… el daño ya está hecho para la familia implicada…

Diez personas más se habrán suicidado en el día de hoy… la genta compra, trabaja, vuelve a casa… la vida sigue… y no nos damos cuenta que la resignación es también un suicidio cotidiano.

 

Antonio J. Rodríguez Soler

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