OPINIÓN

Elche 2026: deuda, recortes y cesiones

El presupuesto municipal refleja un proyecto político marcado por el endeudamiento creciente, el retroceso social y la dependencia del socio de gobierno

Los presupuestos municipales suelen presentarse como un ejercicio técnico, casi administrativo. Pero en realidad son el reflejo más nítido de un proyecto político. El de Elche para 2026 no deja mucho margen a la interpretación: el gobierno de PP y Vox ha optado por un modelo de ciudad condicionado, con un alcalde que ha asumido más el papel de intermediario que el de responsable último de las decisiones.

En tres años, la deuda municipal ha pasado de 27 a 92 millones de euros. No es una cifra menor ni un dato que pueda despacharse con explicaciones genéricas. Supone triplicar el endeudamiento en un contexto en el que, además, se reducen partidas sociales básicas. Endeudarse puede ser una herramienta útil si va acompañada de inversión y retorno social. Aquí, sin embargo, la sensación es otra: se pide prestado mientras se recorta donde más duele.

El ajuste en dependencia, ayuda a domicilio y atención a mayores, ronda el medio millón de euros. No se trata de números abstractos, sino de servicios que afectan directamente a personas con necesidades reales y urgentes. Reducir estas partidas no es una decisión neutra ni inevitable; es una elección política que marca prioridades muy claras.

Algo similar ocurre con el deporte escolar y de base, prácticamente relegado a un segundo plano. Resulta paradójico que una ciudad que se promociona como referente deportivo reduzca al mínimo el apoyo al deporte en los centros educativos y barrios. El deporte entendido como escaparate no sustituye al deporte como política pública.

Pero donde el presupuesto muestra con mayor claridad la influencia de Vox es en cooperación internacional. Los recortes superan el 50 %, desaparecen convenios consolidados y se introduce un criterio ideológico en la selección de proyectos. La solidaridad deja de basarse en la necesidad y pasa a depender del filtro político del socio de gobierno. El PP lo asume sin discusión y el alcalde lo ejecuta sin cuestionarlo.

El debate presupuestario ha dejado imágenes reveladoras: explicaciones vagas, apelaciones a la complejidad técnica y ausencia de respuestas concretas. Cuando un gobierno no explica bien sus decisiones, suele ser porque no quiere asumirlas públicamente.

Mientras tanto, aumentan los gastos extraordinarios y las horas extra, sin que se resuelvan compromisos estructurales con la plantilla municipal. Más gasto discrecional y menos planificación a largo plazo. Más parches y menos proyecto de ciudad.

Incluso en los gestos simbólicos se percibe esta deriva. Cambiar el nombre de un comedor social para evitar referencias incómodas no es una cuestión administrativa, es una decisión política con mensaje. No se elimina un problema, se elimina una palabra. Y eso dice mucho del rumbo elegido.

Vox obtiene a cambio lo que busca: recortes sociales, control ideológico de determinadas políticas y visibilidad institucional. El PP garantiza la estabilidad del gobierno. Y Elche asume las consecuencias.

Frente a este modelo, el PSOE plantea una alternativa basada en responsabilidad fiscal, protección social y cohesión. Gobernar sin endeudarse de forma descontrolada, invertir sin recortar derechos y mantener una ciudad abierta y solidaria.

Pablo Ruz prometió ser el alcalde de todos. Hoy, a la vista de este presupuesto, cuesta no pensar que ha decidido ser el alcalde que obedece para poder seguir gobernando. Y cuando gobernar se convierte en obedecer, la ciudad deja de avanzar y empieza a retroceder.

Antonio J. Rodríguez Soler

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